miércoles, 17 de febrero de 2016

“¡DIOS MIO! OTRA VEZ EL AMOR”


A continuación os dejo algunos fragmentos de la obra de Anna Karenina de Leon Tolstoi, quizás con sus reflexiones entendáis mejor al personaje y la situación en la que se encuentra sumida. Me dio la impresión de que el pasado jueves pasamos muy por encima el verdadero significado del adulterio. Sin querer hacer defensa del mismo, pero sí con la intención de reflexionar sobre él,  os pido que leáis atentamente estos fragmentos y sobre las causas que que empujaron a las tres protagonistas ( Madame Bovary, Anna Karenina y la Regenta ) a cometer adulterio, entre otras, las siguientes: ¿ un marido frívolo?, ¿ un matrimonio sin amor? ¿ una vida infeliz?, ¿ un error?, ¿una venganza?
Así se expresaba Anna Karenina:
“Un hombre, por lo menos, es libre. Puede pasar por todas las pasiones, recorrer los países, saltar los obstáculos, hincar el diente a los más exóticos placeres. Pero una mujer está continuamente rodeada de trabas. Inerte y flexible al mismo tiempo, tiene en contra suya tanto las molicies de la carne como las ataduras de la ley. Su voluntad, igual que el vuelo de su sombrero sujeto por una cinta, flota a todos los vientos; siempre hay algún anhelo que arrebata y alguna convención que refrena”.
A continuación, os presente un breve diálogo entre Anna y Vronski, donde ya aparecen los puntos de vista y sentimientos divergentes. Los celos la llenan de indignación, la tenían constantemente irritada contra Vronsky y la llevaban a buscar motivos en que alimentar sus sentimientos desesperados. Vronsky ya no la ama y en cualquıer accıon de este, por ınsıgnıfıcante que sea, encuentra una nueva prueba de la desafeccıon de su amado. Vronsky ıntenta ser amable con ella y darle la razon en sus contınuas dısputas, conscıente de su sufrımıento. Entonces ella vuelve, por enésıma vez, a ınvocar el AMOR perdıdo ( o no encontrado). El, harto ya, exclama: “¡DIOS MIO! OTRA VEZ EL AMOR”.Este es el diálogo:" - La claridad en nuestra unión no consiste en la forma externa, sino en el amor –dijo Ana aun más irritada, no por las palabras de Vronsky, sino por la fría tranquilidad con que hablaba él- ¿Por qué deseas mi divorcio?- insistió.“¡Dios mío! Otra vez el amor”, pensó Vronsky frunciendo el ceño.- Ya lo sabes… Por ti, por los niños- contestó.- No tendremos más niños- Pues lo siento mucho.- Lo necesitas por los niños. Eso es: en mi no piensas –dijo Ana, que no había oído completa la frase “por ti y por los niños”.Y, por último, esto es lo que pasaba por la mente de Ana justo antes del trágico desenlace (Séptima parte, capítulo XXXI):«¿Qué estaba yo pensando antes? ¡Ah, sí! Que no encontraré una situación en la cual mi vida no sea un tormento; que todos hemos sido creados para sufrir; que todos sabemos a inventamos medios para engañarnos a nosotros mismos. Y cuando vemos la verdad no sabemos qué hacer.»–Por eso le ha sido dada al hombre la razón: para librarse de lo que le inquieta ––dijo la mujer de delante en francés y visiblemente satisfecha de su frase, haciendo muecas y chasqueando la lengua.Parecía que sus palabras fuesen una contestación a los pensamientos de ella.«Librarse de lo que le inquieta …», repitió.Y mirando al marido, grueso y colorado, y a la mujer, muy delgada, Ana comprendió que la mujer estaba enferma y se consideraba incomprendida; que el marido, con su aire satisfecho, no le hacía caso y hasta quizá la engañaba con alguna otra; y que por esto la mujer había pronunciado aquellas palabras.A Ana le parecía ver con clarividencia toda la historia de las vidas de aquel matrimonio, penetrar en los rincones más secretos de sus almas.Pero en ello había poco que la interesara y continuó reflexionando:«Si algo me inquieta, tengo la razón para librarme de ello; es decir, debo librarme. ¿Y por qué no he de poder apagar la luz cuando ya no hay nada que mirar, cuando sólo siento asco de todo? Y ¿por qué ese conductor corre por este estribo? ¿Por qué están gritando esos jóvenes del vagón de al lado?¿Por qué hablan? ¿Por qué ríen? Todo eso es mentira, engaño, maldad».Ana es víctima de la sociedad, no del amor, víctima de querer encontrar la felicidad a través de un hombre, como sustituto de desarrollar una vida plena dentro de los constreñimientos sociales de la época. ¡Y todavía hoy hay mujeres que se anulan a sí mismas y buscan un espejo en la persona amada!Ana buscaba vivir a través de él y no por ella misma:“Cuanto más conocía a Vronsky, más le amaba. Le amaba por sí mismo y por el amor en que él la tenía. El poseerle por completo colmaba su ventura. Su proximidad le alborozaba. Los rasgos de su carácter, que cada vez conocía mejor, se le hacían más queridos.Su aspecto físico, muy cambiado al vestir de hombre civil, le era tan atractivo como podía serlo para una joven enamorada. En cuanto hacía, decía o pensaba Vronsky, Ana hallaba algo especial, elevado y noble. La admiración que sentía por él llegaba a veces a asustarla. Ana trataba de hallar en su amado algo que no fuera agradable. No se atrevía a dejarle ver la conciencia que tenía de su propia insignificancia.Parecíale que, al verlo, Vronsky había de dejar de amarla más pronto, y ella nada temía tanto como perder su amor, aunque no tenía motivo alguno de temor a este respecto.”Y comparada con esta visión, Vronsky piensa en estos términos:“En cuanto a Vronsky, aunque se había realizado lo que deseara por tanto tiempo, no era feliz. No tardó en advertir que la realización de sus deseos no le procuraba más que un grano de la montaña de dicha que esperó. ¡Eterna equivocación del hombre que espera la felicidad del cumplimiento de sus anhelos! Al principio de unirse Vronsky a Ana y vestir el traje civil, sintió el atractivo de una libertad general que antes no conocía, así como la libertad en el amor, y fue feliz, mas por poco tiempo.En breve sintió nacer en su alma el deseo de los deseos: la añoranza. Involuntariamente se asía a todos los caprichos pasajeros considerándolos como deseo y fin”
Extraído del bog : coeducando en secundaria

Habrá que esperar a que leáis el libro para saber si Tolstoi no cree en el amor romántico, en ese amor cuya llama nunca se extingue o bien por el contrario, condena a la protagonista a  su autodestrucción por ir en pos  de un deseo imposible, saltándose las normas morales y sociales. 



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